En la Kabalá Nazarena aprendemos a recibir la Luz en ciclos. Así tenemos el ciclo diario, el semanal, el mensual, el anual, etc. En cada uno de estos ciclos, podemos recibir la Luz con una característica diferente. En este artículo les hablaré del ciclo semanal, específicamente del secreto kabalístico nazareno sobre Primer Día de la semana.

El ciclo semanal se refiere a las diferentes energías como la Luz se manifiesta en cada día de la semana. En Kabalá nombramos los días como día primero, día segundo, día tercero, día cuarto, día quinto, día sexto y Shabat, siendo el día primero el domingo y el día séptimo el sábado. Consideramos que el Primer Día de la semana comienza al ponerse el sol del Séptimo Día (Shabat).

Shabat y el Primer Día son los días más importante para nuestra práctica de Kabalá Nazarena, por las características únicas como se manifiesta la Luz en ellos.
En las conexiones más avanzadas hacemos meditaciones para sintonizar con la característica específica de la Luz durante cada día de la semana.

Cuando se pone el sol del Shabat comienza el Primer Día de la semana (Domingo). En ese momento se cumple la señal profetizada por Yeshúa respecto a su resurrección:
“Porque así como estuvo Yonáh en el vientre del pez tres días y tres noches, así estará el hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mt 12:40).

El Primer Día de la semana entrega la energía de resurrección. A partir de la resurrección de Yeshúa, todos los Primer Día, el Padre vuelve a actualizar la entrega de dicha energía para que el ser humano se levante de la muerte y viva resucitado durante la semana que comienza. Por lo tanto, es un día de mucha importancia en la espiritualidad kabalística nazarena.

Esto no significa que se cambia el Shabat por el Primer Día, como lo instituyó el emperador romano Constantino cuando formó la iglesia católica romana, sino que, además de guardar el Shabat como lo establece Yehováh en la Toráh, los kabalistas nazarenos guardamos el Primer Día como un día de recepción de la Luz de resurrección que el Padre nos da. Es un día de agradecimiento, de fiesta, de alabanza por la victoria sobre la muerte y por nuestra redención.

El Primer Día hacemos meditaciones kabalísticas para unirnos a Yeshúa resucitado, recibir la energía de resurrección, levantarnos de la muerte (vencer todas las circunstancias negativas de nuestra vida) y traer el Reino de los Cielos al mundo.

El tema de la resurrección no se refiere sólo a Yeshúa, se refiere también a nosotros. Yeshúa es el primogénito de muchos hermanos que son todos los que quieren vivir resucitados como él.
La vida eterna no es algo por venir, ni está en otro mundo espiritual cuando nos muramos, sino que la vida eterna es una conciencia que se vive hoy, en este mundo físico. La vida eterna se vive aquí y ahora.
Hoy podemos resucitar, hoy podemos vivir la vida eterna, hoy podemos traer el Reino de los Cielos a la Tierra. Sólo tenemos que abrirnos hoy a recibir la energía de la resurrección y compartirla con la humanidad.

Para meditar el Primer Día de la semana

El siguiente es un ejercicio espiritual que puedes usar para sintonizar con la Luz del Primer Día.

1. Enciende una vela que representa la Luz de Yeshúa resucitado, siéntate tranquilo y respira consciente para calmar la mente (con 3 minutos está bien).

2. Conecta con la consciencia de Yeshúa diciendo beshem Yeshúa; significa en el nombre Yeshúa (esto no tiene que ver con ninguna religión; Yeshúa es una energía-consciencia disponible para todos los que quieren conectar con la Luz).

3. Toma consciencia de que área de tu vida está muerta.

4. Conecta con la consciencia de Yeshúa resucitado; para ello observa las letras hebreas אָנֹכִי הַתְּחִיָה וְהַחַיִים (escanea visualmente las letras de derecha izquierda) y di anoji hatejiyáh vehajayim, que significa “yo soy la resurrección y la vida”. La secuencia de estas letras hebreas actúa como un canal para bajar la energía de la resurrección.

5. Abre tus manos con las palmas hacia el cielo, visualiza que te sumerges en una piscina de aguas luminosas, visualízate como una vasija y simplemente deja que tu alma reciba toda la Luz de resurrección que en ese momento comenzará a caer sobre tí.

6. Enfoca la Luz en algún área de tu vida que necesite ser resucitada, rescatada de la muerte. Y solamente deja que la Luz te llene y vivifique esa parte muerta de ti. Y observa cómo vas pasando de la muerte a la vida.

7. Y cuando sientas que estás lleno de Luz compártela con todo el mundo para la felicidad y resurrección de toda la humanidad.

8. Cierra la meditación con la palabra amén, con la certeza de que todo ya está hecho.

Shalom Yeshúa alejem
Yojanán