Secretos de la Resurrección

El origen

En el principio Elohim creó a Adam a su imagen y semejanza, perfecto, con un muy elevado nivel de consciencia, y lo puso en el Jardín de las Delicias, que representa el mundo de Luz, donde estaba el Árbol de la Vida (la consciencia de los atributos espirituales del Creador) y el árbol del bien y del mal (la consciencia de la dualidad del ego). Adam vivía en armonía y en conexión con el Creador.

La caída

Un día, la consciencia de la dualidad del ego, representada por la serpiente o satán (adversario), engañó a Adam y éste obedeció al ego, olvidándose de lo que el Creador le había dicho: que no probara de ese fruto porque si la hacía, moriría.

Al decirle que sí al ego, se produjo la caída de Adam que representa el descenso de su nivel de consciencia al mundo del ego que es el mundo físico, gobernado por de los sentidos y por el conocimiento intelectual, desconectado del conocimiento espiritual. De esta forma, Adam se alejó del Creador.

Un plan de rescate

Después que Adam, influenciado por el adversario, se separó del Ser Divino, se produjo una separación de su verdadero ser (el alma), el hombre se identificó con el ego y éste lo convenció de que estaba separado de los demás; así entró la desunión entre los hombres y de la humanidad con la naturaleza, produciéndose una situación de caos y un estado de sufrimiento (esto está codificado en el relato de la expulsión de Adam del Jardín del Edén).

El Padre viendo esta situación decidió actuar para ayudar al hombre. Primero envió a Adam (la humanidad) un mensajero llamado Raziel (secreto de EL/Ser Divino) con los secretos para volver a unirse con el Creador (el libro de Raziel), con él mismo, con los demás y con el cosmos.

Luego, Yehováh le dio los secretos del conocimiento a Avraham a través de Malquitzedek, el cual lo transmitió a su hijo Yitzjak, éste a su hijo Yaakov y éste a sus doce hijos (hijos de Yisrael).

Luego el Ser Divino hizo una intervención mayor y dio a Moshé los secretos decodificados para toda la humanidad, pero ésta no estuvo a la altura y los secretos volvieron a codificarse en lo que se llama la Toráh (que significa instrucción) y se dieron las claves (llaves) de decodificación en la Kabalá. partir de ese momento, la Kabalá se transformó en el decodificador de los códigos de la Toráh.

Con el tiempo los guardianes del conocimiento se desviaron por influencia del ego y el camino para religar a toda la humanidad se transformó en la religión legalista y excluyente, lejos de la enseñanza de Moshé. El conocimiento para religar se desvirtuó y no llegó a la gente, manteniéndose el sufrimiento en la humanidad. Y así el hombre influenciado por el adversario prostituyó este camino sagrado y se hizo cada vez más prisionero de la consciencia del ego, caracterizada por el deseo de recibir sólo para sí mismo, el egoísmo, la separación, la división y la desconexión del mundo de Luz, quedando esclavo del adversario y cosechando cada vez más muerte y sufrimiento. Pero siempre hubo un resto de iniciados que mantuvo la pureza de las enseñanzas como los profetas y los esenios.

Por lo que el Padre decidió volver a intervenir de una manera aún mayor, a través del Mashiaj. Para restablecer el conocimiento entregado en la Toráh y las claves de decodificación de la Kabalá, la Palabra de Elohim encarnó en Yeshúa el Mashiaj, quien enseñó con su forma de vivir cómo se debía vivir el conocimiento codificado en la Toráh. Y vino también para volver a dejarnos las llaves/claves kabalísticas para decodificar la Toráh cuando él no estuviera físicamente en la Tierra, igual como lo había hecho Moshé en el Sinaí. Los guardianes de este conocimiento para religar al hombre fueron sus discípulos más íntimos, a quienes les develó los secretos kabalísticos de la vida eterna lo que permitió un gran despertar espiritual en los primeros tres siglos de nuestra era llamado el Camino Nazareno. Pero en el siglo IV los nazarenos fueron exterminados por Constantino. Así el conocimiento kabalístico enseñado por Yeshúa se eliminó del discurso oficial y fue reemplazado por la religión cristiana de Constantino para servir los intereses de su imperio.

Si bien el adversario destruyó mucho del conocimiento kabalístico de Yeshúa heredado por los nazarenos, y fundó una nueva religión basada en una deformada imagen de un mesías greco-romano, no pudo eliminar la obra principal, fundamental y única del Mashiaj: la Redención de la humanidad. Lo más que ha podido hacer hasta ahora es desconectarnos de esta verdad, pero la Redención ya está hecha, y es el milagro y el regalo más grande hecho por el Padre a la humanidad.

La resurrección

La resurrección es la más grande intervención divina en la historia humana. La resurrección es el nivel de consciencia más alto que puede alcanzar el ser humano; es el estado de consciencia original de perfección y de unidad absoluta con el Padre. Es el ser humano tal como lo pensó el Creador, en su máximo estado de manifestación. La resurrección no sólo es un hecho que le ocurrió a Yeshúa dos mil años atrás, la resurrección es una energía que quedó disponible para la humanidad a partir de ese hecho. Es decir, después de la resurrección de Yeshúa, toda la humanidad quedó con la energía disponible para vivir en el estado de consciencia original, libre para siempre de la muerte, de la degeneración, de la enfermedad, libre de la esclavitud del ego. La energía de resurrección, entregada por el Creador para toda la humanidad con la resurrección de Yeshúa, vence para siempre el poder del ego en el ser humano. Después de esa intervención divina máxima, el hombre nunca más puede ser derrotado por el ego. Es un estado de consciencia aún más alto que Pesaj: es el estado llamado redención.

La energía de la resurrección restaura y regenera al ser humano a su estado original. Es una energía que está siempre disponible desde ese día y que se renueva cada año en su fecha de aniversario en este mundo físico.

La resurrección no es un dogma de una religión, la resurrección es una energía de regeneración.

La resurrección es la octava más alta de la Luz Infinita del Creador. La Luz tiene muchas octavas de manifestación, la resurrección es la más alta de todas.

La energía de la resurrección está asociada a la consciencia mashiaj que está en el nivel más alto de la consciencia humana llamada yejidá. Todos tenemos dentro una dimensión interior llamada mashiaj; es decir todos somos potencialmente mashiaj; todos somos una semilla de mashiaj que si dejamos que brote se convertirá en un árbol de vida eterna y seremos lo que somos esencialmente: imagen y semejanza divina. Todos estamos llamado a vivir como un mashiaj.

Por eso debemos repetir el mantra ANÍ MASHIAJ – Yo soy un mashiaj. Es decir soy imagen y semejanza divina: Amo al Padre sobre toda las cosas y con todo mi ser; tengo emuná en Yeshúa, vivo el amor al prójimo, haciendo a los demás lo que quiero que hagan conmigo; y vivo en unidad con todos.

¿Cómo llegamos a despertar esa consciencia? ¿Cuál es el abono que le dio el Creador al ser humano para hacer crecer su árbol? La energía de la resurrección.

Pero nos desconectaron de esa energía. Nos presentaron la resurrección como un dogma religioso de un evento que le había ocurrido a una persona hace dos mil años. Pero lo importante no es el hecho histórico, es la energía que ese hecho introdujo en la historia humana. A partir de ese hecho toda la humanidad quedó con el poder de vivir como un resucitado. A partir de ese momento al hombre se le dio el poder de vencer todo lo que es muerte en él.

El problema es que nunca hemos usado la energía de resurrección, no nos conectamos con ella, no la usamos en nuestra vida diaria. La resurrección es la frecuencia de la Luz para vencer toda la muerte en uno.

¿Cómo conectamos con la energía de la resurrección? Existen símbolos o códigos para conectarse con la octava de la resurrección. Son códigos poderosos que conectan la consciencia humana con la dimensión interior llamada mashiaj, esto hace que la persona tenga acceso a la energía de la resurrección y sea inmune a la acción del ego.

No tenemos consciencia de resurrección pues estamos acostumbrados a vivir en el paradigma del ego que es el de la muerte, es decir que todo tiene un fin, que nada es eterno (el cuerpo muere, la salud degenera, la felicidad muere, las relaciones mueren). Estamos llamados a vivir resucitados; esto es vivir en la eternidad donde todo vive para siempre. Es algo que no nos cabe en la cabeza porque no estamos conectados con el paradigma de la eternidad aunque tenemos el programa instalado desde la resurrección de Yeshúa.

Pensamos que la resurrección es un dogma de fe y que es algo que nos va a ocurrir en algún momento llamado el último día. ¿Pero cuando es el último día? ESTE, este es el último día de tu vida. Hoy vas a resucitar, pero tienes que tener emuná, la certeza profunda de que es posible. ¿y cómo llegas a tener esa certeza profunda? conectándote con la energía de la resurrección. ¿Y cómo te conectas con la energía de la resurrección? Usando los códigos apropiados para elevar tu conciencia a esa vibración.

Un código

Un código para conectar con la energía de la resurrección es:

בְּשֵׁם יֵשוּעַ

אֲני מָשִיחַ קָם לִתְחִיָה

BESHEM YESHÚA ANÍ MASHIAJ KAM LITJIYÁ

En el nombre Yeshúa, soy un mashiaj resucitado.

Cada palabra del código produce un efecto en la consciencia.

Beshem Yeshúa: unifico mi consciencia con la Consciencia de Yeshúa.

Aní: tomo consciencia de que soy una semilla de mashiaj.

Mashiaj: despierto la consciencia mashiaj (al unificar el cerebro derecho y el izquierdo).

Kam litjiyá: conecto con la energía de resurrección.

La Era de Acuario

Estamos viviendo la llamada Era de Acuario o era Mesiánica, pues en este tiempo se producirá la venida del mashiaj.

Esto significa la elevación de la consciencia humana y el despertar de la consciencia mashiaj en todos los que se abran a recibir la Luz y elijan vivir como lo enseñó Yeshúa; es decir en el amor y la unidad, expresada como el ayudar al prójimo a que sea feliz.

Será una Era en la cual toda la humanidad que permanezca en la Tierra vivirá en la consciencia mashiaj de Yeshúa.

Amén

Shalom Yeshúa alejem

Yojanán